Ustedes, Gisela, rompieron el silencio, ustedes vencieron sobre el miedo y sobre la indiferencia, ustedes no sucumbieron ante el dolor, ustedes convirtieron el amor y el duelo hacia los familiares perdidos, en amor social, en recuperación de la memoria individual y colectiva, ustedes han podido romper gracias a su tenacidad los muros infames de la impunidad edificados en el Perú durante siglos, siempre sobre la sangre derramada de los justos, de los humildes, de los olvidados.

Ustedes, Gisela, durante estos duros y dolorosos años han abierto sobre los senderos de espinas, caminos transitables para la reivindicación de la dignidad del ser humano y han llegado al inaccesible templo de la justicia, para que éste, por una vez, pueda ser admirado por la luz de la conciencia universal.

Ustedes, Gisela, junto con nuestros colegas, amigos y amigas de Aprodeh, que también merecen nuestro reconocimiento, homenaje y admiración, representan para este templo de la justicia que se abrió a la historia del mundo este 7 de abril, lo que representa Machu Picchu para la humanidad. Una obra extraordinaria construida sobre la congoja, la constancia y la esperanza.

Por ello terminamos este saludo, agradeciéndoles su lucha, que nos reivindica a todos en nuestra necesidad de justicia, que nos nutre en nuestra lucha para vencer sobre los verdugos en todos los rincones del planeta. Ayer fue la hora de la sangre y de los ríos de lágrimas, hoy es el tiempo de la justicia y de mares de agua prístina para navegar hacia la bondad del ser humano. Ningún dolor no es ajeno, ningún déspota podrá sentirse seguro. Es la hora de la justicia!

Souhayr Belhassen, Presidenta de la FIDH

Patrick Baudouin, Presidente honorario

Vilma Nuñez de Escorcia, Vice-Presidenta para las Américas

Soraya Gutiérrez, Vice-Presidenta para las Américas

Juan Carlos Capurro, Vice-Presidente para las Américas

Alirio Uribe Muñoz, Encargado de misiones

Luis Guillermo Pérez Casas, Secretario General

Antoine Bernard, Director Ejecutivo